viernes, 2 de septiembre de 2011

Una década

Septiembre de 2001 fue mi primer viaje en solitario, sin amigos, sin padres, sólo una maleta y muchas ganas de aprender. Gracias a una beca crucé por primera y única vez, de momento, "el charco". Aún recuerdo las palabras de mi madre al enterarse de que mi solicitud sólo incluía los Estados Unidos, "Hija, ¿por qué no eliges Londres? Está cerca y en caso de pasar algo, yo me plantó allí en un santiamén." y yo pensando para mis adentros "Pues por eso precisamente"
Siempre he sido una persona independiente y autosuficiente, pero con 18 años lo eres al 200%, ansiaba más que nada en el mundo probar la libertad, saber hasta dónde era capaz de llegar únicamente con mis fuerzas y demostrarme que podía valerme por mí misma.  
El 4 de septiembre tras un madrugón de aúpa, 14 horas de vuelo y algo de jet lag ponía pie en el aeropuerto de Boston. Durante un mes viví "el sueño americano": me acogió una familia afroamericana, fui a ver un partido de béisbol, acudía a clase diariamente y disfrutaba de mis tardes haciendo turismo. También sobreviví a "la pesadilla americana": 11/9. 
Aquél mes fue de película, tanto en lo bueno como en lo malo, no podía llegar a creérmelo. Todo era cómo un gran set de cine, sólo faltaba la figura del director diciendo "Corten!!".

Ése fue el comienzo de mi periplo. Al regresar a Bilbao no sólo me dí cuenta de todo cuánto había aprendido, también de que un pedacito de mí se había quedado allí. Y así ha sido desde entonces, dos periodos de larga estancia en Italia y ahora es Bélgica quién me acoge.
Cada viaje me ha enseñado tanto, ha hecho que madure y crezca como persona, pero a cambio cada destino se ha cobrado un trozo de mi corazón. No importa el tiempo que haya permanecido en un lugar, su gente, sus calles, sus costumbres, etc. han sabido atrapar parte de mí.

Hace diez años, si alguien me hubiese preguntado dónde imaginaba estar ahora, creo que jamás hubiera osado decir Bruselas y sin embargo aquí estoy. No voy a hacer predicciones para la próxima década, sólo espero decir cuando llegue el momento que otra vez me ha vuelto a sorprender.

miércoles, 6 de julio de 2011

El anillo

Hoy ha venido a mi mente algo que viví hace ya tres años. Era una bonita tarde en una playa de Rimini, estábamos grabando unas imagenes para el documental Cielo Azul, esa era la excusa. En realidad habíamos ido los colegas de la beca Leonardo junto a Olimpo, Laura y Pedro Pablo a tocar música a una playa salvaje de la zona.
Mientras improvisábamos ritmos y charlábamos un chico se nos acercó muy alterado, tanto que casi no era capaz de articular palabra. Al final consiguió explicarse, el anillo que su prometido le había regalado se había perdido en la arena de aquella playa.
Olimpo y yo lo acompañamos a la zona en la que él había estado sentado. Nos pusimos a peinar la arena con nuestros dedos, literalmente, pero el chico cada vez estaba más y más nervioso, se le escapaban las lágrimas. Y entonces mis dedos tropezaron con algo metálico, me deshice como pude de la arena que lo rodeaba y dije algo parecido a "Eccolo" alzando mi mano. La estampa vista desde fuera tuvo que ser como ver a Golum alzando "su tesoro".
No tuve más tiempo de reacción, el chico se abalanzó sobre mi y me abrazó con todas sus fuerzas mientras dejaba correr libremente sus lágrimas.
Ha sido uno de los abrazos más bonitos y emotivos que jamás me hayan dado y vino de un autentico desconocido. No he vuelto a saber nada de él, no creo que pudiera reconocerlo aunque me lo encontrara de nuevo, pero jamás olvidaré ese instante.
Olimpo me dijo cuando volvíamos con nuestros amigos: "Laura, ese chico nunca te olvidará". No sé si habrá sido así, pero yo sí que estoy segura de que nunca lo olvidaré.

viernes, 3 de junio de 2011

Expatriada

Ayer durante la asamblea de Democracia Real Ya - Bruselas escuché un adjetivo que nos designaba a todos los que estábamos alli reunidos: expatriados. No se trataba de una palabra nueva para mi, ya la había escuchado antes, aunque nunca pensé que llegara a englobarme.
EXPATRIADA. En mi cabeza la palabra suena con un contexto totalmente negativo y no puedo explicarme el por qué.
EXPATRIADA. Es como una letra escarlata que han bordado en mis vestimentas pero no sé si lucirla con orgullo o vergüenza. Orgullo por haber sabido labrarme un futuro en el extranjero con las dificultades que eso implica, vergüenza porque mi país no me ofrecía ni presente ni futuro.
He viajado y situado mi lugar de residencia fuera de las fronteras españolas en numerosas ocasiones. Los periodos fuera de "casa" han oscilado entre tres meses y un año. Nunca antes me sentí expatriada porque en el horizonte siempre se vislumbraba el regreso a la piel de toro. Ahora por primera vez en mi vida, ese horizonte ha desaparecido, simplemente no está. Y en cierto modo me siento naufraga, sin ese faro de referencia en tierra que te muestra el camino a puerto.
Pero la decisión la he tomado hace tiempo y de nada sirve mirar hacia atrás. Puede que el futuro en el país que me acoge se antoje difícil y duro, pero el que dejo atrás en mi tierra es desolador.
Este viaje empezó hace año y medio, no sé cuánto se dilatará en el tiempo, ni tampoco hacia dónde me llevará, solo sé que voy a izar las velas y seguir mi rumbo, esperando que algún día el viento me lleve a atracar de nuevo en mi Bilbao natal.

martes, 3 de mayo de 2011

Los taxis ecológicos se encuentran en Bruselas

No hay taxistas más ecológicos que los de Bruselas. No utilizan coches eléctricos, ni híbridos pero son los que más se preocupan por el medio ambiente. Deberían otorgarles la bandera verde, se la tienen ganada a pulso. Están todos muy concienciados y predican con el ejemplo.
¿Queréis saber cómo se preocupan por la contaminación? Es muy curioso, todo radica en la avaricia y la pereza. Un taxista belga no baja la bandera por una carrera inferior a 30 euros, todo lo que baje de ahí no les interesa y suelen recomendarte ir a pie o utilizar el medio de transporte público. Y yo me pregunto, ¿saben ellos que se dedican al negocio del transporte... público?
Al llegar a ésta ciudad tuve que caminar muuuuucho volviéndome yo también ecologista. El problema es que cuando preciso de un taxi suele ser siempre en horario de trabajo, lo cuál implica que arrastro un equipo que supera los 20 kilos de peso y si a eso sumamos que como en el caso de hoy el periodista no me acompaña...son 20 kilos para mí solita. Ya sé lo que estáis pensando, ¿qué es eso para una chica de Bilbao? -Eso no es nada, pues!!!. Mi fisioterapeuta discrepa.
A un taxista belga eso no le entra en la cabeza. Cualquiera diría que le voy a hacer un simpa al llegar a destino. Como con todo he desarrollado una técnica, saludo al taxista, me dirijo al maletero, meto todo el equipo, me siento y abrocho el cinturón y entonces, sólo entonces, suelto la dirección de destino (muchos querrán saberla antes, para no llevarte). La expresión de su mirada cambia, sin entender bien el francés comprendo que se están acordando de todo mi árbol genealógico.
Y si aún así se niega a llevarte a destino, ya sólo queda el plan B: la única manera de sobornar a un taxista belga y conseguir que se salte sus principios ecológicos es ofrecerles más dinero por la carrera.
Ojito al dato si tenéis intención de poner pie por estas tierras.

lunes, 4 de abril de 2011

Ésta ronda pago yo

Ésta entrada se la dedico a mi amigo Bingen, impulsor de ella.

El sábado salí de concierto con unos amigos. Era un concierto de Fado en un centro cultural gallego con sede en Bruselas.
Ir a ver una actuación en directo siempre me ha parecido una cosa apasionante, nunca antes había disfrutado de un concierto de éste tipo de música, ni siquiera cuando visité Lisboa.
Durante la velada pudimos disfrutar de las voces de diferentes fadistas, criticar el poco arte del cantante masculino y saborear las buenas cervezas de la tierra que nos acoge. Ésta última cosa tuvo a mal causarnos el motivo de ésta entrada.
Me explico, en Bélgica, al contrario que en mi tierra natal, el uso del baño en los bares y locales públicos de diversa índole supone el pago de dinero, no incluido, en la consumición realizada en dicho local. Cosa a tener muy en cuenta si uno sufre de incontinencia o por el contrario desea disfrutar de la gran variedad de cervezas que ofrece el país. El precio varía dependiendo del local, oscila entre 20 a 50 céntimos y ofrece un servicio bastante limpio (faltaría más!!). El baño suele estar regentado por gente de la tercera edad que intuyo su escasa pensión no les permite llegar a fin de mes.
Total que llegados a cierta altura de la noche, "ésta ronda de cervezas pago yo" dio pie a "ésta ronda de meadas pago yo". Y os aseguro que si no podéis controlar las visitas al baño, la noche os puede salir por un pico en ésta ciudad.

martes, 29 de marzo de 2011

Hoy es uno de esos días...

Un día en el que me siento delante del ordenador y tengo la impresión de estar perdiendo mi tiempo. Afuera hace un día precioso, soleado e incluso con buena temperatura, pero mi deber está entre estas cuatro paredes.
No puedo evitar mirar con el rabillo del ojo el mundo de posibilidades que se mofa de mi a través de esa ventana y sentirme estúpida por perdérmelo.
Hoy es uno de esos días en los que el curro está tranquilo y todo parece indicar que mis ocho horas de turno las pasaré delante de éste ordenador matando los minutos como buenamente me dé Dios a entender. Otros días, sin embargo, sucede todo lo contrario, son jornadas tan estresantes que apenas dispongo de tiempo para sentarme a descansar, esos días echo de menos éstos otros.
Qué curiosa es la voluntad del ser humano, nunca estamos contentos con lo que tenemos, si hay porque hay, si no hay porque no hay... "el término medio" ese gran desconocido!
Bueno, de nada sirve lamentarse, porque no solucionará el aburrimiento que ya me invade a ésta hora... haré lo de siempre:

  • Ojear Facebook cada 5 minutos.
  • Echar un vistazo a ver qué hay de nuevo en ascodevida.com
  • Poner al día mi correo.
  • Y ver qué ha pasado en la prensa digital.
Aunque en el fondo mi mente estará volando muy lejos de ésta oficina, paseando por las calles de Bruselas, recorriendo sus numerosos parques y "chumeteando" en librerías de segunda mano.

domingo, 20 de marzo de 2011

¿Casualidad?

Ésta semana buscando en internet algún video con el que pudiera desconectar de la dura realidad que invade los informativos de todas las cadenas, encontré esto:
Al principio no me dí cuenta, es un video que ya había visto, es viejo, fecha de 2007...del 11 de marzo.
Es un video de "Qué vida mas triste" antes de que saltara a la gran pantalla. Para los que no conocéis el formato, Borja es el protagonista y cuando aún no hacían el formato para televisión cada domingo realizaba una reflexión sobre algo que le hubiera pasado a lo largo de la semana.
Siempre hace sus reflexiones desde la cama de su cuarto y por lo general siempre lleva camisetas con propaganda de productos que estaban de moda en su infancia (Phoskitos, Cola-Cao...). Pero ese día en concreto llevaba "casualmente" una camiseta de Japón. Y aquí tenéis la segunda coincidencia.
11 marzo y Japón...